por Astrid Lindgren
El coche se pone inmediatamente en marcha y desciende colina abajo hasta que desaparece. El camino queda desierto bajo la luz clara del amanecer. Podría haber sido un mal sueño si no fuera por ese ligero olor a gasolina que queda en el aire. Y si no hubiera un pañuelo húmedo tira…
Aún no hay reseñas. Inicia sesión para escribir la primera.