por Paul Verlaine
Padre y maestro mágico, liróforo celeste Que al instrumento olímpico y a la siringa agreste Diste tu acento encantador; ¡Panida! ¡Pan tú mismo, que coros condujiste Hacia el propíleo sacro que amaba tu alma triste, Al son del sistro y del tambor! RUBÉN DARÍO De la obra de Verlain…
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