por Francesc Grimalt
Cuando los habitantes de los suburbios encontraron a Teo flotando en el río, lo primero que se les pasó por la cabeza fue vendérselo a los anticuarios de la ciudad. Teo era - y seguramente sigue siendo - un autómata bicentenario, hecho de oro, plata y marfil. Sin embargo y a pesa…
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