Cuando un día, pasado el tiempo, miré mi ciudad por segunda vez, contemplé, consternado, que no quedaba ya nada de «mi» ciudad, o acaso sea más ajustado decir «de la ciudad de mi infancia». Pero ¿para qué andar con rodeos? De lo que no quedaba nada era de mi misma infancia. Sin e…
Aún no hay reseñas. Inicia sesión para escribir la primera.