por Fede Merino
Nada es tan lacerante, para un periodista, como la indiferencia ante las injusticias cotidianas, diríase que eternas, cuya crónica se esfuerza en transmitir. Y ese es, precisamente, uno de los más graves pecados de este nuestro «primer mundo». Fede Merino ha viajado como periodis…
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