El abuelo Manolo era un pintor de brocha gorda y, saltando de andamio en andamio, pintaba paredes y volaba. En cambio, no había persona más pegada al suelo que la abuela Carmen, quien en casa, mientras se mecía, pelaba vainas de guisantes que echaba en un cuenco. Así empieza esta…
Aún no hay reseñas. Inicia sesión para escribir la primera.