por Irmgard Keun
La joven Gilgi se levanta a las seis y media de la mañana y hace sus ejercicios gimnásticos con esmero. Se ducha estoicamente con agua fría, desayuna y se va a la oficina donde trabaja de secretaria para el señor Reuter. En el tranvía observa con indignación los rostros cansados…
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