por Francisco Brines
He bajado del coche y el olor de azahar, que tenía olvidado, me invade suave, denso. He regresado a Elca y corro, no sé en qué año estoy y han salido mis padres de la casa con los brazos abiertos, me besan, les sonrío, me miran –y están muertos–, y de nuevo les beso. «Reencuentro…
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