Cuenta Tito Livio que en los tiempo de la república se abrió en la ciudad una gran sima. Un adivino vaticinó que solo se cerraría arrojando en ella el bien más preciado de Roma. El joven Marco Curcio comprendió que nada había más valioso que el valor —il coraggio–– y galopó hacia…
Aún no hay reseñas. Inicia sesión para escribir la primera.