por Gavin Edwards
Esperas en un semáforo mientras comes unas patatas fritas cuando alguien mete la mano en tu bolsa. Lo miras y piensas: «es él, es igual que él, qué emoción si es él, pero no puede ser él». Entonces, Bill Murray se traga la patata, te guiña el ojo y te susurra: Nadie te va a cree…
Aún no hay reseñas. Inicia sesión para escribir la primera.