por Luciana Prodan
Clarice se adueña de nosotros. No nos pide permiso y nos arrastra. Nos agarra del alma con ese anzuelo con el que ella misma decía atrapar a la «no palabra» y no nos deja escapar. Nos interpela. Nos acuna y nos calma. Nos enmaraña y nos desenreda a su antojo. Nos obliga a cuestio…
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