por Robert Waisman
Al salir de Buchenbald, Romek volvió a la vida: había pasado parte de su infancia en uno de los campos de concentración nazis más crueles y aprendió demasiado pronto qué significa sufrir. Había conocido la maldad humana en estado puro. Había visto lo que nunca antes ningún chico…
Aún no hay reseñas. Inicia sesión para escribir la primera.