Gallega y ochentera de nacimiento, pero también por vocación. Nunca se sabe si va o viene, responde a las preguntas con otras preguntas y se cabrea si le dices que en Galicia siempre llueve; aunque también se agobia si pasa más de dos días sin disfrutar del repiqueteo de la lluvia en los cristales. No sale de casa sin una rebequita, el móvil, su libro electrónico y, por supuesto, todas las ideas, historias, tramas y personajes que habitan en esa cabeza suya que no le para ni tan siquiera las pocas horas que consigue dormir. El insomnio le compensa porque así puede quejarse todo el día de lo agotada que está, y porque nada le gusta más que explorar y destripar esas vidas alternativas hasta verlas transformadas en letras sobre el papel.