Palma de Mallorca, 1984. Descubrió su vocación como creador de historias de adolescente, jugando al Gran Turismo. Lo que realmente le fascinaba no eran los coches ni las carreras, sino el universo invisible de esos pilotos imaginarios a los que inventaba vidas completas: sus casas, sus trabajos, sus amores y traiciones. Lo plasmó en unas páginas que se convirtieron en su primer libro, mucho antes de saber que desearía ser escritor. Desde entonces, esa necesidad de construir mundos complejos y explorar las motivaciones ocultas de sus personajes no ha dejado de crecer. «El dulce dictador» es su primera novela publicada.