Anton H. Tammsaare (1878-1940), es el gran patriarca de la literatura estonia y, sin duda, el escritor más famoso de Estonia. Sus obras están llenas de paradojas y sus héroes —con su inconsistencia interior pero creyendo en un renacimiento eterno— van más allá de la gente común, viviendo al mismo tiempo en su propio tiempo y estrechamente conectados con la historia de Estonia y con la eternidad. Nacido como el cuarto de diez hijos en 1878 en una granja llamada Põhja-Tammsaare (Tammsaare del norte) en la Estonia central montañosa, pantanosa y boscosa, Anton Hansen eligió el nombre de la granja de su padre como seudónimo. Cursaba derecho en la Universidad de Tartu mientras se ganaba la vida como periodista y crítico de teatro —el estilo que luego hizo suyo, entre el realismo y el modernismo, se inclinó hacia el impresionismo, ya se advierte aquí—, cuando tuvo que interrumpir todo debido a una tuberculosis grave que le obligó a irse al Cáucaso, donde logró superar la enfermedad. De regreso a Estonia, viviendo y escribiendo en casa de su hermano en Koitjärve, enfermó gravemente del estómago y se vio obligado a irse de nuevo, esta vez a Tartu, para ser operado. Después de una recuperación milagrosa, el matrimonio lo llevó a Tallin en 1919 donde comenzó su carrera como autor independiente. Su obra cambió, y su primera pieza de teatro, Juudit (Judith, 1921), anunció lo que luego serían sus rasgos más definitorios dentro de su carrera. Despues apareció su primera novela Kõrboja peremees (La espesura, 1922), y siguió su famosa roman-fleuve Tõde ja õigus (Verdad y justicia, 1926-1933). Un año antes de su muerte, terminó una de sus novelas más fascinantes, Põrgupõhja uus vanapagan (Las desventuras del nuevo Satán, 1939).